Al borde del colapso.
El colapso demográfico y el rol de la familia.
En un comentario publicado en Febrero del 2025, relataba lo impresionado que había quedado al ver el documental One Child Nation, donde discutía los resultados de la política China de control poblacional. Dicha política no dejaba que sus ciudadanos tuvieran más de un hijo, y ese control poblacional, no solo constituía una medida innecesaria, pues no había tal problema de sobrepoblación, mas bien constituía una violación a los derechos de sus ciudadanos al verse limitados, en tener más de un hijo.
Desde aquel comentario y en el ínterin han ocurrido algunas cosas interesantes que vale la pena comentar.
El mito de la sobrepoblación
Por un lado, el autor del libro que instaló en el mundo el temor a dicho supuesto problema poblacional falleció en marzo de este 2026. Paul Ehrlich se volvió en los setentas un activista donde en un libro llamada “La Bomba poblacional” (1968), argumentaba que el mundo estaba al borde del precipicio del colapso debido a la sobrepoblación, el cambio climático, y el temor a no poder producir suficientes recursos para alimentar a dicha población. Fue considerado un Neo-Malthusiano, pues al igual que Thomas Robert Malthus, en el siglo XVIII, decía que los recursos crecían aritméticamente y la población crecía geométricamente. Eventualmente nos encontraríamos en una situación de asimetría de recursos y por lo tanto había que detener dicho crecimiento. Ehrlich era un biólogo y un demógrafo y trataba de probar de una manera aparentemente científica, con estadísticas, aunque cargada de apelaciones a las emociones y al inminente fin de las cosas para tratar de convencer de la validez de su argumento.
Sin embargo también es famoso por que hizo una apuesta con el Economista Julian Simon autor del libro “El último recurso” (1981) que hablaba sobre la capacidad de agencia y empresarialidad de los seres humanos para generar recursos de manera cada vez más eficiente. Los seres humanos tenemos la capacidad de encontrar soluciones a cosas que podrían parecer problemas en primera instancia gracias a que podemos modificar el entorno y adaptarnos a la creciente demanda con una mayor oferta. También podemos descubrir nuevas formas de lograr mayor productividad y por lo tanto brindar bienes al menor costo posible sin necesariamente en el camino destruir el entorno.
Dicha apuesta la terminó ganando Julian Simon, a pesar de que Ehrlich siguió haciendo ajustes a sus predicciones para encontrar nuevas fechas al inminente fin de los tiempos que pronosticaba. Nunca pudo probar lo que había predicho. Julian Simon falleció de manera temprana, con 66 años en 1998, y dicha apuesta fue olvidada, aunque dudo que Ehrlich hubiera reconocido su error de estar vivo Simon. Muchos siguen creyendo tal pronóstico apocalíptico a pesar de que la realidad nos demuestra que a pesar de las predicciones, hoy por hoy estamos a las puertas de una situación inversa, el decrecimiento poblacional.
El verdadero riesgo: Colapso económico y demográfico
En tiempos más recientes en redes y en prensa se comienza a hablar de problemas de natalidad sumamente graves, en los cuales se espera que muchos países terminen con el mismo problema que ya vemos en lugares como Japón, donde el fenómeno ocurre ya hace un tiempo. En muchos países, la pirámide poblacional ha dejado de ser tal para convertirse en un tubo, ligeramente más ancho en el medio o peor en otros lugares se ha convertido en una pirámide invertida, con muy poca población joven y mucha población adulta o vieja.
El problema no es una simple curiosidad estadística, pues este decrecimiento poblacional amenaza con llevar a países enteros al colapso y a la decadencia económica. Los países se comienzan a enfrentar con problemas como falta de recursos o de gente joven que aporte a los sistemas seguridad social, nunca fueron diseñados para una muy alta proporción de gente mayor o para capitalizar los ahorros, y más bien fueron sistemas de reparto. Cuando el sistema se desarrolló, la edad de retiro era de 65 años, escasamente unos pocos años por debajo del promedio de vida estimado para la gente en aquella época. Dicho promedio de tiempo de vida ha ido creciendo y sus aportantes jóvenes han disminuido.
No es solo financiamiento del sistema de pensiones, si no que impacta el desarrollo económico de un país que al encontrarse con menos habitantes y con un crecimiento poblacional, en muchos casos a duras penas por encima del nivel de reemplazo (2.1 hijos por pareja) y en muchos casos de menos de uno por pareja. Si hay menos población, hay menos actividad económica y si hay menos actividad económica hay más pobreza. Aún si se pudiera mantener los niveles de riqueza, como muchos creían que pasaría si se controlaba la población que crecía imparable, la pregunta es de qué sirve si ya ni siquiera hay como gastar o usar los recursos con mercados más pequeños.
El supuesto beneficio de que hubiera menos gente con la misma cantidad de riqueza, como que si esta fuera una cantidad fija, es que tampoco habría gente o mercados en los que gastar dicha riqueza. Habría menos innovación o creatividad para crear más riqueza. No necesariamente viviríamos mejor con menos gente, si no que viviríamos vidas más elementales y con menos opciones, que si los mercados fueran mucho más grandes.
Se puede ver esto claramente, en países donde la población se ha reducido a la fuerza, debido a las restricciones en la actividad económica, fruto de las decisiones de sus gobernantes de controlar todo o de confiscar la riqueza. En dichos lugares su población termina emigrando y alejándose para huir de estos paraísos comunistas, lo que queda son poblaciones envejecidas, sin recursos y sin capacidad de proveer lo más elemental y básico para sus ciudadanos. Pero este fenómeno se comienza a ver también en países altamente industrializados y desarrollados pero con poblaciones decrecientes. Sus economías se ralentizan, sus gobiernos tienen problemas para cubrir los gastos operativos, en un país donde hay menos gente disponible para trabajar, por lo tanto para tributar y aportar a cubrir el gasto del gobierno.
La bomba de tiempo demográfica de China
Hay estimaciones de que estos países desarrollados pero con poblaciones decrecientes eventualmente se reducirán a la mitad. Lugares que aparentemente estaban sobre poblados, que se embarcaron en estos experimentos sociales, para forzar a su población a no tener más de un hijo, como fue el caso de China, enfrentan al problema de como seguir creciendo, cuando la economía tiende a demandar menos productos.
Lo que pasa en China es dramático, décadas de esta política poblacional, de la que no se liberó hasta no hace mucho (a dos máximo), ha tenido un efecto altamente problemático en cifras de población, que se sospecha han sido manipuladas para esconder la magnitud del colapso. Demógrafos argumentan que la población de China no solo ha dejado de crecer, que en realidad se ha reducido y su población puede que se haya reducido a la mitad. Es difícil saber si esto es verdad o no, China es un país que constantemente controla la información y manipula las cifras para manejar el mensaje político. Hay especialistas que usando estadísticas disponibles y usando ciertas conjeturas sobre cosas que no niega el gobierno, han estimado que China en realidad puede que no tenga más allá de 300 o 400 millones de habitantes, no los 1400 millones que oficialmente manejan.
El argumento es, cómo es posible que China tenga después de décadas de la política de un solo hijo, casi la misma población o ligeramente por encima de la población de la India, que no ha tenido dicha política y donde, hasta no hace mucho, las tasas de crecimiento poblacional han sido sumamente altas, en comparación al resto del mundo. Haciendo ajustes por el número de personas fallecidas en China, específicamente por la epidemia del Covid, que son cifras que hasta el día de hoy son un secreto de estado, solo se saben en base a calcular cuanta más gente ha muerto por encima del promedio normal en periodos anteriores. A esto añádale que culturalmente los Chinos, forzados a tener un solo hijo, han preferido a los hijos varones y más bien han rechazado a las hijas mujeres. Muchas niñas son abandonadas a su suerte, en la intemperie o abortados directamente, creando un desbalance poblacional que hace muy difícil la procreación de más seres humanos.
Aún haciendo estos ajustes, vemos en otros análisis, que el problema debido a estas costumbres de preferir a los varones por encima de las mujeres, que la cantidad de mujeres disponibles o en capacidad de tener hijos es infinitamente inferior a la cantidad oficialmente reportada por el gobierno. Podemos ver, en este hilo de X de Rod D. Martin, por ejemplo, como dicha práctica de preferir hijos varones a las mujeres en China ha creado fuertes desbalances y posiblemente hacen que el problema pueda ser peor, más allá de la clara manipulación de cifras:
Raíces culturales de la crisis anti familia
El problema no es solo el desbalance de la cantidad de mujeres disponibles para formar familia, pues esto asume que todas las mujeres están dispuestas a empezar a tener hijos, lo cual sería imposible o requeriría el uso de la fuerza (el Cuento de la Criada de Atwood). Y es que la segunda parte de este argumento que se repite, no solo en China si no en el resto del mundo, es que se ha demonizado tener hijos o hacer familia.
Hoy en día son muy pocas las mujeres que aspiran a esto. El éxito profesional se ha puesto por encima a formar familia, tanto en mujeres, como en los hombres. Las parejas cada vez tienen menos hijos y cada vez los tienen más tarde, cuando el cuerpo humano tiende a dar la menor probabilidad de éxito y fertilidad, pues esta probabilidad es más bien mayor a edades más tempranas. La formación de la familia, en estas épocas, no empieza en la adultez temprana, si no que se espera hasta tener éxito profesional, suficientes ingresos e incluso en muchos casos se prefiere evitar tener hijos. Se ha convertido el tener hijos en un problema para el éxito profesional, y se los tiende a ver como una carga y no como una fuente de satisfacción y realización de la pareja.
Algunos argumentan en esta línea de perfeccionismo, tal como lo hace este Substack de Surse Pierpoint, “Permission to be Imperfect”, donde argumenta que hay que tener una visión más trascendental, menos materialista y menos perfeccionista, de las condiciones necesarias para tener una familia, para revertir esta tendencia anti-familia. Para Pierpoint, no es un problema económico, es un problema cultural mas que nada.
En otro comentario de mi colega Clay Routledge, del Archbridge Institute, organización con la que trabajo, en Julio del 2024 para un artículo del Harvard Business review, sostiene basado en encuestas recientes que, la baja natalidad en Estados Unidos no solo se debe a factores económicos, si no también a un profundo cambio cultural. Según encuestas de esa fecha, solo un 25 % de los estadounidenses creen que casarse o tener hijos es algo deseable y solo el 39% creen que casarse o tener niños son fines prioritarios para una sociedad. Cada vez hay menos estadounidenses que consideran el matrimonio y los hijos como metas valiosas para alcanzar una vida plena. Routledge concluye que cualquier política pública pro-natalista sería insuficiente sin una transformación cultural que la acompañe, que ponga a la familia en el centro de la búsqueda de sentido y plenitud humana.
Muchos prefieren tener mascotas, a tener hijos, pues estos son más autosuficientes y menos dependientes de los padres y por lo tanto son vistos como menos fastidiosos, para la ocupada vida que llevamos. Esperamos a tener hijos cuando el momento sea perfecto, hayamos alcanzado todas nuestras metas profesionales y los recursos sean abundantes para hacerlo. No nos damos cuenta que mientras más se posterga el tener los hijos, más difícil es la probabilidad de tenerlos naturalmente, que sean sanos, sin problemas y que los padres cuenten con la estámina necesaria para ser padre de familia.
Con el desarrollo de técnicas de análisis, manipulación genética y control de la natalidad se tiende a descartar hijos (aborto) que no son perfectos, que pueden venir con “defectos”, o que vienen en el momento menos esperado. La vida humana ha perdido dignidad, es descartable en estos tiempos. Parecería que hemos regresado al sacrificio de los niños, tal cual se lo hacía en la antigua Cartago y que causaba gran repugnancia entre los Romanos. Los romanos tampoco eran perfectos, pues solían abandonar a los niños que no eran, una vez nacidos, aceptados por el Pater familias. Sin embargo el sacrificio de los niños recién nacidos causaba aún más repugnancia, que las prácticas romanas de abandono. Usamos toda clase de eufemismos, como salud reproductiva, aborto o priorizar la salud mental, para no llamar el infanticidio lo que realmente es.
Construyendo una cultura moderna y profamilia
La solución no pasa por solo buscar incentivos fiscales o beneficios tributarios para tener familias e hijos. Estas políticas en el mejor de los casos han tenido magros resultados en revertir esta tendencia, como se ha visto en Hungría que tiene políticas fiscales pro activas fomentando la familia y sin embargo el incremento a la tasa de nacimientos aún es insuficiente y por debajo de la tasa de reemplazo. A 2026 sigue siendo 1.3 hijos por familia, muy por debajo del 2.1 hijos en promedio que se necesita para revertir el decrecimiento y esto después de 15 años o más de dichas políticas. Tal como argumenta Routledge, hay que buscar un cambio cultural, en que tener familias y que sean numerosas sea de nuevo deseable, respetable, y que no sea visto como un estorbo para las aspiraciones profesionales de los padres.
No todo es negativo en este posible problema que enfrentamos en el 2026. Ya tenemos una parte de la solución, muchas familias, a diferencia de las parejas de antaño tienden a tener una actitud más equilibrada de reparto de las tareas del hogar o los roles que juega cada padre. Además contamos con tecnología que evita que las labores domésticas recaigan exclusivamente en uno de los miembros de la pareja.
En países desarrollados, muchas empresas están más abiertas a brindar a sus empleados tiempo para cuidar de sus familias cuando hay bebés recién nacidos o durante la gestación. Hay las herramientas para lograr ese cambio cultural a favor de las familias, sin importar si es el hombre o la mujer los que se dedican a la crianza o son los que traen más recursos al patrimonio familiar. Naturalmente la concepción y la gestación siempre serán una labor exclusivamente femenina, a pesar de los experimentos de Frankenstein, que muchos sueñan cambiar para disminuir o desnaturalizar el rol de la mujer.
En esta época tampoco se ve mal una madre profesional y exitosa que tiene un marido que cuida de los hijos, los lleva a la escuela y vela por el hogar. Todo es cuestión de ponerse de acuerdo en las parejas y no necesariamente ajustarse a patrones de género rígidos, sobre el rol de cada padre en la crianza de los hijos. El trabajo remoto es otro recurso disponible, que por más que se hable de sus posibles efectos en el mercado laboral, ha sido una de las herramientas que ha brindado más facilidad a las parejas que desean tener hijos y estar más involucrados en la crianza de estos.
Lo importante es buscar un cambio cultural, que deje de poner a la familia como un estorbo al desarrollo profesional de los padres y que más bien ofrezca una versión más positiva de quienes tienen familias numerosas. Dichas familias han sido objeto de burla, o discriminación, al ser considerados gente poco educada, o que nunca tuvo aspiraciones profesionales, o que tiene demasiado tiempo en sus manos, o que son una población retrógrada, que amenaza la supervivencia de la humanidad debido a lo prolíficos que pueden ser.
El fundamento de la supervivencia de la civilización
Lo contrario, odiar a la familia, deshacerse de los hijos o desincentivar tenerlos, termina siendo la verdadera amenaza a la humanidad. Tener hijos no va a dañar al planeta, ni nos va a llevar a un mundo sobre poblado y exhausto. Más bien, no tener hijos nos lleva a problemas económicos y culturales que ya estamos viendo, que tarde o temprano van a destruir la civilización, como la conocemos. Si uno estudia la historia del crecimiento, auge y caída de las civilizaciones que nos preceden, el factor en común que revela que estamos ante el posible colapso es precisamente la reducción acelerada de la población en las etapas finales. Solo las civilizaciones que están triunfando y expandiéndose, lo están haciendo si están creciendo poblacionalmente, su población genera suficientes recursos para incentivar su crecimiento poblacional.
Hay que fomentar la familia, tal como nos exhorta el Papa León XIV en su mensaje ante el congreso de los diputados en su reciente visita a España el 8 de Junio de 2026:
En este contexto, reviste particular importancia la familia, realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad. En el hogar se entrelazan las generaciones y se transmite una memoria viva que da continuidad interior a la sociedad. Allí donde la familia es sostenida, se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones. La familia será siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que en cualquier otro lugar, la gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer.
Argumentar a favor del decrecimiento o la reducción poblacional, va en contra del florecimiento humano y contra la familia mismo. Estimado lector, usted qué opina, ¿estamos ante un irreversible colapso poblacional o aún estamos a tiempo de evitar dicho colapso, si cambiamos nuestra actitud ante la familia y los hijos? Los leo en los comentarios.





